Charlotte Gainsbourg: «En 28 años en pareja no me he querido casar, no me gusta la idea del matrimonio»

Hija de dos iconos franceses, Jane Birkin y Serge Gainsbourg, nació siendo famosa. Nos habla del MeToo, Lars von Trier y la timidez. Ahora estrena 'Buenos principios' con Yvan Attal, director y actor con el que lleva desde los 20 años. Su hijo mayor, Ben Attal, también participa en la película.

Charlotte Gainsbourg

Charlotte Gainsbourg protagoniza 'Buenos principios'. Foto: Getty

De niña, Charlotte Gainsbourg (Londres, 1971) pensaba que su vida era normal. Que criarse en la casa parisina que compartían Serge Gainsbourg y Jane Birkin, dos iconos en Francia, no tenía nada de extraordinario. «No podría decir si mi infancia fue difícil o no, eso era simplemente lo que estaba acostumbrada a vivir. Entonces no era consciente de la fama de mis padres. Sabía en qué consistía su trabajo, conocía todas sus canciones, pero para mí no tenían un aura, no entendía lo que significaban para mucha gente», explica.

Comienza a hablar en un susurro, arrastrando las palabras, en su inglés afrancesado. Cuenta que la familia ha marcado su vida y su carrera. Famosa desde la cuna, debutó como cantante a los 12 años interpretando el polémico dueto Lemon Incest con su padre; a los 13 hizo su primera película animada por su madre, con quien luego rodó filmes como Kung-Fu Master!, de Agnès Varda; sus tres hijos, Ben (22), Alice (17) y Joe (8), protagonizaron videoclips de su último álbum, Rest (2017), y ahora vuelve a compartir trabajo con el actor y director Yvan Attal, su pareja desde hace 28 años. «Creo que es más difícil trabajar con la familia, pero el placer es más intenso», afirma. En Buenos principios (en los cines desde el 15 de noviembre), Charlotte e Yvan son Cécile y Henri, un ama de casa y un escritor que llevan toda la vida juntos y atraviesan una crisis justo cuando sus cuatro hijos comienzan a irse de casa.

Gainsbourg y Attal interpretan a los Mohen, un matrimonio en crisis, en ‘Buenos principios’. Foto: David Koskas/Same Player

A Raphaël, su hijo mayor en la película, lo interpreta Ben, su primogénito. ¿Se trata de una película autobiográfica?
No, en realidad es una adaptación de un libro de John Fante. Aunque quizá sí se parece algo a nuestra vida… En el fondo se parece a la vida de muchas parejas con tres o cuatro hijos, todo el mundo en esa situación se puede sentir identificado, primero de una forma cómica y de una manera más sentimental hacia
el final. Yvan y yo llevamos muchos años trabajando juntos. Somos conscientes de que no estamos interpretando nuestra vida, existe una distancia y sabemos mantenerla.

Llevan juntos 28 años, pero no se han casado…
Nunca hemos querido casarnos, no nos gusta la idea del matrimonio. Pero creo que no hay una forma buena o mala de hacer las cosas en una relación. La vida juntos es muy frágil,
todo lo es. No sabemos si mañana vamos a estar juntos o no. Uno nunca sabe lo que va a pasar, no hay lecciones ni nada seguro.

¿En la vida real tienen mascotas, como Stupide [el perro que da nombre a la película en francés, Mon chien Stupide]?
Tenemos un gato. Tuvimos una perra hace 25 años, que murió muy joven. Nos quedamos traumatizados y juramos que nunca más tendríamos un perro. Es bastante irónico porque yo ahora quiero tener uno. Y por eso Yvan dirigió esta película, se burla de nuestra broma interna de cuando dijimos que nunca tendríamos un perro.

Charlotte Gainsbourg

Yvan Attal, Charlotte Gainsbourg y su hijo mayor, Ben, que participa en la película de sus padres. Foto: Getty

La película fue rodada en el sur de Francia. ¿Se imagina viviendo en una casa frente al mar, lejos de la ciudad?
Siempre he vivido en ciudades, por eso fantaseo con vivir en el campo o junto al mar. Pero es solo eso, una fantasía, porque no estoy segura de poder vivir fuera de una ciudad. Soy una persona muy callada, introspectiva, y si no viviera en la ciudad me encerraría en una soledad total. Creo que no sería bueno para mí.

Cécile, su personaje, es una mujer que deja de lado su carrera por su marido y sus hijos, ¿ las mujeres tienen que hacer más sacrificios para lograr que las cosas funcionen en una relación?
No, no lo creo. No pienso para nada que los hombres sean de una manera, las mujeres de otra, las madres de una forma y los padres de otra… Somos todos diferentes. Desde luego, en el pasado las mujeres sacrificaban sus carreras para estar en casa, cuidar de los niños… Es el cliché de las mujeres en el siglo XX, pero ahora siento que hemos dejado eso bastante atrás. Sí, todavía no existe una igualdad total, pero estamos acercándonos, creo.

¿Habla con su hija Alice de feminismo, sobre qué implica ser mujer en el siglo XXI?
Sí, porque ella tiene una edad en la que estos asuntos son muy importantes para una chica joven, sobre todo en la sociedad estadounidense, porque llevamos viviendo seis años en Nueva York y ella lo ve día a día, me pregunta. Está muy preocupada por todos los nuevos problemas sobre acoso, los derechos
de las mujeres… Y sí, hablamos de estos temas muchísimo.

Es totalmente necesario que las mujeres tengan una voz hoy en día y puedan expresarla sin preocuparles decir cómo no deberían suceder las cosas

¿Cree que el movimiento MeToo ha cambiado la industria del cine? En sus inicios usted no se mostró muy de acuerdo con él.
No estaba de acuerdo, y sigo sin estarlo, con la violencia y con que se pueda destruir la vida de una persona tan rápido. Pero siento que es totalmente necesario que las mujeres tengan una voz hoy en día y puedan expresarla sin preocuparles decir cómo no deberían suceder las cosas. Y ahora opino que quizá eso solo pudo suceder gracias a esa violencia, a que fuera tan extremo. Si algunas mujeres hubieran alzado la voz solo de forma ligera tal vez nada hubiera ocurrido y el movimiento hubiera sido menos importante. Quizá me estoy dando cuenta de que era necesario que explotara, pero sigo sintiendo que en algunos casos es muy injusto.

¿Uno de esos casos sería el del director Lars von Trier? Usted trabajó con él en tres películas (Anticristo, Melancolía y Nymphomaniac) y lo defendió cuando Björk lo acusó de acoso .
He escuchado las noticias, pero yo siento que conozco un poco al hombre con el que he trabajado en tres películas, no creo que él haya acosado sexualmente a nadie. La forma en que Björk dijo que ella había sido acosada fue más psicológica, de todos modos. Desde luego que en algunas ocasiones se produce una manipulación, pero yo sé qué quiero hacer y qué no. Sé que no dejaré que me manipulen de una forma horrible, pero siento que quiero ser un instrumento para expresar lo que un director como Lars tiene que decir. Y admiro cómo dice las cosas. Si admiras a la persona, es una cuestión de cuáles son tus límites, a lo que te puedes enfrentar. Quizás tienes que establecer tus límites.

Pactarlo todo con el director previamente.
Sí, él siempre ha sido muy claro conmigo. Cuando empecé a rodar el proyecto de
Anticristo me explicó exactamente cómo iba a ser todo, él quería hacer escenas porno, me preguntó si estaba de acuerdo en mostrar mi cuerpo en esta postura y esta otra, y en cuanto supe exactamente de qué iba y qué tenía que hacer yo todo fue bien. No es un monstruo. 

¿Busca la provocación en sus trabajos? Las películas con Von Trier fueron explícitas y polémicas, y el dueto y el vídeo de Lemon Incest (Incesto limón) con su padre cuando era una adolescente fue muy criticado.
Soy una persona tímida, y no va con ser tímido el ser provocadora. Pero al mismo tiempo siento que es por mi timidez por lo que me gusta estar con gente atrevida. Desafiarme a mí misma. Pero no me paso el día analizándome y pensando ‘Esta es la razón por la que lo hago’ o ‘Me gusta la provocación’… Me siento atraída por ciertos proyectos y no analizo el porqué.

Charlotte Gainsbourg

Serge Gainsbourg y Jane Birkin, sus padres, en 1972 con su hermana Kate y una Charlotte bebé. Foto: Getty

Pese a esa manifiesta timidez, Gainsbourg se ha convertido en un icono de estilo por su actitud. Ella personifica el allure francés, es amiga de Anthony Vaccarello e imagen de la firma de la que él es director creativo, Saint Laurent. Antes lo fue de Balenciaga y Louis Vuitton. «Adoro la moda porque la uso en mi trabajo, en los estrenos y en las promociones. Es mostrarte a ti misma, de ser un poco más feliz con tu imagen», explica. Pero no soporta ir de compras: «Me gusta ser fiel a un solo diseñador. En Saint Laurent me ayudan a encontrar qué llevar para ocasiones especiales, luego en mi vida diaria visto lo mismo que el resto de la gente».

Tampoco parece tímida cuando aborda asuntos personales en sus canciones. A finales de 2017 publicó su quinto álbum, Rest, el primero en el que escribía las letras –antes había trabajado con artistas como Beck, Air, Paul McCartney, Jarvis Cocker o Neil Hannon, de The Divine Comedy–. Habló de la pérdida de su padre (que falleció cuando ella tenía 19 años) y de la de su hermana Kate Barry (hija de Jane Birkin y el compositor John Barry) en 2013. Kate y ella estaban muy unidas y su muerte llevó a Charlotte a mudarse de París al Greenwich Village de Nueva York. Ahora siente que ya es hora de volver a casa. «Mi plan es regresar a Francia. Creo que es importante volver a Europa. Me encanta Nueva York, pero resulta difícil para mí estar en dos lugares porque todo este tiempo he seguido manteniendo una vida en París, siempre la he sentido como mi ciudad, donde vuelvo a trabajar, a ver a mi familia, y ya encuentro complicado seguir de este modo, entre dos mundos».

¿Está escribiendo nuevas canciones?
Sí, estoy trabajando ahora en un nuevo álbum, pero soy bastante lenta, no sé cuándo podrá estar listo. Será en inglés y francés, me gusta cambiar de idioma según la canción y mi estado de ánimo.

¿Va a ser tan personal como Rest?
¡Aún no lo sé, es muy pronto! Pero no me siento capaz de escribir nada que no sea personal, así que sí, creo que tendrá que hablar sobre quién soy y cómo me siento en este momento.

¿Mirará al pasado? Sus trabajos muchas veces recuerdan a su vida. Por ejemplo, ahora en la película el protagonista es un escritor, y su padre, Serge Gainsbourg, también era un genio…
Bueno, en la película Henri no es un genio, publicó un libro de éxito, pero eso no hace que sea un genio, en realidad es una aproximación más humorística… Así que no existe un paralelismo real entre él y mi padre. Mi padre sí fue un genio (risas).

De niña no era consciente de quiénes eran mis padres

¿Qué aprendió creciendo en una familia como la suya?
Si puedo decir algo es que estoy muy contenta de haber empezado a trabajar desde muy joven, porque de pequeña, cuando tenía 12 años y cantaba
Lemon Incest con mi padre y me presenté a mi primer casting para una película animada por mi madre, yo no tenía ni idea de quiénes eran mis padres en realidad. Además, en aquella época mi padre era considerado un genio solo por algunas personas, no tenía el gran éxito actual, la admiración de un país entero… Cuando estaba vivo no era tan enorme como lo es hoy.

¿Echa de menos trabajar con él?
Ahora entiendo lo mucho que mi padre me amaba a través del trabajo que hicimos juntos, y eso es algo muy valioso para mí. Él murió hace años, pero me quedan esos recuerdos que sigo conservando, los vídeos que grabamos, sus escritos… Me doy cuenta de que fui muy afortunada de poder trabajar desde pequeña con mi familia.

En Buenos principios el personaje que interpreta su hijo Ben anuncia que va a ser padre. ¿Se ve como abuela a los 48?
¡Tengo muchísimas ganas de ser abuela! Me encantan los bebés, para mí son algo mágico. A mis hijos les digo que no creo que sea bueno si llega demasiado pronto, que antes tienen que vivir por ellos mismos. Pero a mí me encantaría ser ya una abuela.

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